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Colombeia digital

por: Inés Quintero Montiel

  • 12 feb 2014·
  • 2 Comentarios
Johann Moritz Rugendas, Llegada del general Francisco de Miranda a La Guaira en 1810, s.f.
12feb

Johann Moritz Rugendas, Llegada del general Francisco de Miranda a La Guaira en 1810, s.f. Tinta sobre papel, 25.2 x 33.1 cm. Fundación John  Boulton (Caracas)

El Archivo de Francisco de Miranda, llamado por él mismo Colombeia, constituye un impresionante registro de la vida, periplos y relaciones políticas de su dueño y el testimonio más completo de su obsesivo anhelo por lograr la independencia de la América Hispánica. Allí están reunidos los documentos recopilados directa e ininterrumpidamente por Miranda, desde que salió de Venezuela en 1771, hasta que regresó a su ciudad natal en 1810, para participar personalmente en la mudanza política que recién comenzaba y en la cual había empeñado más de la mitad de su existencia.

Las cartas personales escritas y recibidas, su correspondencia política, valiosísimos y numerosos informes, proyectos y proclamas; sus propuestas constitucionales; sus impresiones de viaje, información detallada sobre cada uno de los lugares que visitó, las personas que conoció, los museos que recorrió, las mujeres que se “chapó”; las comidas, los vinos, los paseos, los caminos, las distancias, las cortes, las costumbres, los salones, las tertulias, las conspiraciones, las persecuciones, las intrigas y también los calabozos. El dinero gastado en ropa, comidas, hospedajes, la lista de los libros adquiridos, a quién se los compró y cuánto pagó por ellos. Su testimonio directo sobre la revolución americana y la revolución francesa, sus pareceres respecto a la igualdad, la libertad, las elecciones, el imperio español y las campañas militares en las que participó. Se trata, sin la menor duda, de un archivo excepcional, por la dimensión histórica de su dueño y por la cantidad y diversidad de su contenido.

En 1810, cuando tomó la resolución de viajar a Venezuela, ya había organizado y encuadernado todos sus papeles en 63 tomos con tapas de cuero y letras doradas, su decisión fue trasladarlos consigo y de esta manera ejecutar, él mismo, su disposición testamentaria según la cual, todos los manuscritos y documentos reunidos a lo largo de su vida, debían ser colocados en los archivos de su ciudad natal, cuando esta fuese independiente para “… testificar a mi patria el amor sincero de un fiel ciudadano y los esfuerzos constantes que tengo practicados por el bien público de mis amados compatriotas”. 

Los 63 tomos de la Colombeia viajaron entonces a Venezuela y permanecieron en su poder, hasta que, como Jefe Supremo de la Confederación, se vio en la necesidad de adelantar un tratado de capitulación con el jefe de los ejércitos leales a la monarquía. En ese momento y ante la inminencia de su salida del país, ordenó que sus pertenencias y, muy especialmente, su archivo fuesen conducidos a La Guaira y colocados en el barco que lo sacaría de Venezuela. Pero ocurrió algo inesperado: Miranda fue capturado por sus compañeros de lucha, entregado a las autoridades y encerrado en un calabozo, por tanto su equipaje salió rumbo a Curazao sin su dueño.

De Curazao, dos años más tarde, fueron enviados a Londres; los recibió el conde Bathurst, ministro inglés para las colonias y fueron depositados en Downing Street, junto con los papeles de Estado. Allí estuvieron hasta que lord Bathusrt, en 1827, se los llevó para su casa: un castillo localizado en Cirencester. Los 63 tomos pasaron a formar parte de su biblioteca y permanecieron allí sin que de esto se tuviese la menor noticia en Venezuela.

¿Cuándo y cómo se supo que los papeles de Miranda estaban en Inglaterra?

Esto ocurrió en 1925, cuando el historiador y diplomático Caracciolo Parra Pérez estaba concluyendo su investigación sobre Miranda y la Revolución Francesa en los archivos de Inglaterra. Por información del director del Public Record Office supo que el historiador William Spence Robertson había consultado los originales de Miranda en la residencia de la familia Bathurst. Parra Pérez, quien era embajador de Venezuela en Suiza, le solicitó a Alberto Adriani, funcionario de la embajada de Venezuela en Londres, que fuese a visitar a los herederos de lord Bathurst para ver los documentos. Y allí, en un castillo en Cirencester, estaban los 63 tomos intactos, tal como los había dejado Miranda antes de ser encarcelado en 1812.

El gobierno venezolano pagó 3.000 libras esterlinas por los tomos de Miranda y, en 1926, regresaron a Caracas y fueron colocados en la Academia Nacional encargada de su custodia y conservación. Una descripción pormenorizada del archivo y de su historia fue hecha por Gloria Henríquez en su libro Historia de un Archivo. Francisco de Miranda. Reconstitución de la memoria (2001). 

Inmediatamente después de su llegada a Venezuela comenzó su publicación, tal como habían sido organizados por Miranda y conservando el idioma original de cada documento. Entre 1929 y 1933 se publicaron 14 tomos. En 1950, en ocasión de cumplirse 200 años del nacimiento de Miranda, se completó la edición hasta alcanzar 24 volúmenes, con el título Archivo de Francisco de Miranda. En 1976, la presidencia de la República decidió hacer una nueva edición, esta vez con el nombre original de Colombeia. Se resolvió también organizar la documentación cronológicamente, hacer la traducción al español y actualizar ortográficamente todo el material, así como colocarle notas explicativas que permitiesen orientar al lector. Esta labor fue realizada en Francia por Josefina de Alonso, Miren Basterra y Gloria Henríquez. En el 2006, por órdenes del Ejecutivo, se suspendió el proyecto. Hasta ese momento se completaron 20 tomos que cubrían hasta 1803.

Mientras tanto los originales seguían intactos en la Academia Nacional de la Historia. En el 2007, concluyeron las gestiones que permitieron su incorporación al registro mundial de la Memoria del Mundo por resolución de la UNESCO.

Pero la historia del archivo no termina aquí. Mediante un convenio realizado entre la Biblioteca Nacional y la Academia Nacional de la Historia el año 2006 se había llevado a cabo la digitalización completa de aquel fascinante volumen de documentos con la finalidad de preservarlo y facilitar su consulta electrónica. Concluida la digitalización y cuando todavía no se había hecho ninguna gestión para su difusión por internet, un decreto del ejecutivo fechado el 13 de abril de 2010 ordenó trasladar el Archivo de Miranda y el de Simón Bolívar, ambos bajo custodia de la Academia Nacional de la Historia, al Archivo General de la Nación. El decreto en cuestión establecía que ambos personajes “… representan la base ideológica de la Revolución Bolivariana, y en consecuencia sus archivos contienen la documentación fundamental de su legado revolucionario liberador para los pueblos de nuestra América y el mundo”.

Al año siguiente, en junio, la totalidad de los documentos originales de Colombeia fueron colocados en internet en el siguiente enlace: www.franciscodemiranda.org

Allí se pueden consultar más de 32.000 páginas de documentación original con la enorme ventaja de que, en el caso de los manuscritos, se encuentran transcritos en el idioma en que fueron escritos, traducidos al español y se pueden copiar y recuperar sin ningún problema. Además, están las imágenes de numerosos impresos que forman parte del archivo, en su formato e idioma original. En ambos casos es posible identificar con absoluta precisión a qué tomo de Colombeia pertenece cada uno. 

No ocurre lo mismo con otras interesantes secciones en las cuales se reproducen firmas, sellos, escudos, membretes, mapas, planos, grabados, dibujos y partituras musicales. Ninguna de estas valiosísimas imágenes tiene identificación, no hay información de su origen ni de su ubicación en el archivo, tampoco se pueden copiar o recuperar, de manera que resulta no solamente frustrante sino de muy poca utilidad.

Uno de los aspectos que no está totalmente resuelto es el de los motores de búsqueda. Tratándose de un archivo de tal diversidad y con tantos detalles y posibilidades, por la variedad de materiales, la extensión temporal de los documentos, la amplitud geográfica de los viajes de Miranda o la cantidad de personajes con quienes se relacionó, en muchos casos constituye una enorme dificultad la localización de la información, a menos que se sepa exactamente lo que se está buscando y, aun así, puede resultar engorroso. 

La digitalización de Colombeia constituye, sin duda, un esfuerzo monumental que deja ver los enormes avances que se han hecho en materia digital y que, en gran medida, corroboran esta legítima fascinación que ha despertado en los últimos años el uso de los recursos electrónicos para la investigación histórica, así como las ventajas que se desprenden de la utilización de estas herramientas para acceder a fuentes documentales de tan diversa procedencia; al mismo tiempo permite advertir las dificultades y obstáculos que todavía es necesario resolver, a fin de que su consulta efectivamente responda a las enormes expectativas que ésta y muchas otras iniciativas siguen generando. 

Como historiadora, todavía me siento más segura en contacto con el papel, pero no deja de causarme una inmensa emoción ver en la pantalla de mi computadora los originales que con tanta pasión y dedicación reunió Miranda para dejar constancia de los constantes esfuerzos que practicó “… por el bien público de sus amados compatriotas”.

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Comentarios

EDUARDO SALAZAR

Felicitaciones , realmente reconfortante , conocer un poco mas de nuestra historia común de nuestros pueblos..,,

Manuel Chust

Sin duda, uno de los aspectos que más está contribuyendo a la renovación historiográfica de los estudios sobre los procesos históricos revolucionarios de las independencias iberoamericanas, es la "democratización"de las fuentes primarias por su acceso directo a través de las nuevas tecnologías. La puesta en línea de estas fuentes hace que ya no dependan del celo "cancerbero" de algunos bibliotecarios, de tener recursos para visitar archivos lejanos o de la complejidad en muchos casos de su búsqueda por la simple deslocalización de las fuentes, como ha descrito en Inés para el caso del archivo de Miranda durante bastante tiempo. La otra cuestión, magníficamente descrita por Inés Quintero, es la conciencia de algunos nombres propios de las independencias, como claramente es el caso de Miranda, de estar viviendo una época de cambio, de transformaciones históricas que pensaban merecedora de su inmortalidad en el tiempo. Lo que Manfred Kossok tildó la "ilusión heroica". Enhorabuena Inés .

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